Es más cara una entrada para ver el fútbol que para el Auditorio

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Todo el mundo sabe quienes fueron Bach, Mozart o Beethoven. Pero más allá de eso, el conocimiento superficial, es difícil rascar detrás: no sabemos bien qué obras llevan su nombre, qué rasgos particulares tenía su personalidad o cómo fueron sus vidas.

Mozart, por poner un ejemplo, compuso su primera ópera a los 12 años y contaba con una producción de 600 composiciones -cerca de 200 horas de música- cuando falleció a los 35 años. Le encantaba hacer chistes de pedos y culos y, de hecho, su querencia por ellos le trajo no pocos problemas en las altas esferas. Y hablando de escatología: ¿saben que Beethoven siempre dejaba un orinal debajo del piano cuando tocaba? Miccionaba sin levantarse de la silla, ante el estupor del público.

“No vestían con pantalones de cuero ajustado y cadenas, pero sus vidas sí que fueron rock and roll”, decía el periodista Edu Bravo en un artículo sobre la vida de compositores clásicos publicado en Icon. Así debe sentirlo también el pianista y escritor James Rhodes, y lo defiende en Playlist: rebeldes y revolucionarios de la música, publicado por Planeta en nuestro país. Un libro ilustrado por Martin O’Neill que repasa las biografías de Bach, Mozart, Beethoven, Chopin, Schubert, Rachmaninov y Ravel.

Todos hombres blancos, sí, una carencia que Rhodes se encarga de subsanar desde la primera página. “Por desgracia, la música clásica está, y siempre ha estado, compuesta por hombres blancos”, sostiene. “Se consideraba escandaloso que las mujeres tuvieran carrera, por lo que, aunque había mujeres compositoras de gran talento, no recibían el apoyo económico ni el reconocimiento popular”. Y más de lo mismo ocurrió con los compositores racializados: “A pesar de su obvio talento, pocos consiguieron alcanzar un éxito parecido al de sus equivalentes blancos”.

Rhodes ofrece esta vez, después del éxito de Instrumental y Fugas, un cambio en el tono de su prosa. Playlist es una obra hecha en base a pinceladas de la vida de siete compositores, completada con un análisis de dos obras de cada uno. Sin descuidar tampoco breves explicaciones de conceptos como qué es un glissando, o cuál es la diferencia entre una sonata, una ópera y una suite. Todo escrito con una intención clara: divulgar de forma sencilla el valor de la música clásica.

Composición de una orquesta. Por Martin O'neill en 'Playlist'

Composición de una orquesta. Por Martin O’neill en ‘Playlist’

Playlist es un libro esencialmente didáctico, aunque no esté dirigido a ningún público en particular. ¿Quería acercarse a lectores que no saben o saben poco de música clásica?

Sí, es una idea que tengo desde hace mucho tiempo. Quería escribir una carta de amor. En este país, y también en Inglaterra, tenemos una crisis de educación musical. Y al mismo tiempo tenemos esta idea de que la música clásica es algo como para los pijos. Y es una injusticia enorme.

Creí que podía escribir un libro ligero, pero al mismo tiempo que aportase algo de contexto sobre los compositores y las obras que me apasionan. Algo menos heavy que un libro de teoría musical. Para los jóvenes, para los mayores o para quien sea: quería que esto fuese un trampolín hacia la música clásica.

Después de Instrumental, en el que hablaba de los abusos que padeció, y Fugas, en el que reflexionaba sobre la depresión y cómo la música le ayudó, ¿cómo ha sido cambiar el tono, pasar de una obra tan confesional a algo más ligero?

Pues… la verdad es que para mí ha sido bastante fácil porque así es como yo hablo todo el tiempo sobre música [ríe]. No soy un académico, ni tampoco soy ‘Mr. Wikipedia’. No soy un profesor de conservatorio que viene a hablarte de teoría musical, modulaciones o formas de sonata en Viena.

Todo eso son chorradas si quieres llegar a mucha gente. Si tienes interés en esto es bastante fácil descubrir algo que te guste en la música clásica. Pero si lo cuentas y no lo entienden, no sirve. La música, el contexto, estas vidas increíbles de estos compositores que son como rockstars de verdad: eso es para mí lo más interesante.

Playlist también cuenta con capítulos en los que explica cómo se dispone una orquesta o cuáles son las etapas más importantes de la historia de la música. ¿Es necesario tener determinados conocimientos para conocer la vida de estos rockstars de la música clásica?

Creo que todo forma parte de lo mismo y era preciso ponerlo en el libro. Pero si alguien quiere descubrir más, puede investigar, preguntar a Google, o hablarme por Twitter o Instagram. Pero creo que había que cubrir todo lo básico. Por eso hablo también de esas cosas.

En 2017 Spotify hizo una encuesta sobre el consumo de música clásica y publicó un dato curioso: los españoles escuchan un 30% más de música clásica que el resto del mundo. ¿Cree que eso tiene algo que ver con por qué le gusta tanto este país?

Claro, por supuesto. ¿Sabes? Mucha gente dice que la tecnología es algo malo y que tu cerebro está jodido por culpa de Internet. Pero también es algo increíblemente bonito, joder. ¡Tienes con tu móvil acceso a cada puta pieza de música importante de la historia! ¡Es un milagro!

Es algo que no sabía y es una cosa bonita. Además cuando escuchas una playlistcomo la que propongo en el libro, luego Spotify te puede recomendar un poco de Wagner, un poco de Schubert. Y si lo escuchas… ¡ya está! Porque esa música te va a llevar a un mundo nuevo en el que hay muchas cosas que descubrir. Y pasa lo mismo si escuchas a Extremoduro, por ejemplo, y luego te recomienda cosas súper molonas. Puedes descubrir todo el tiempo canciones y artistas nuevos y eso es maravilloso, ¿no?

Bach ilustrado por Martin O'neill en 'Playlist'

Bach ilustrado por Martin O’neill en ‘Playlist’

El compositor más escuchado, según el informe publicado por Spotify Insights, era Johann Sebastian Bach. ¿Qué cree que tiene Bach para atraer tantos oyentes más de dos siglos después de su muerte?

Es que es El Padrino. Es el hombre que hizo la música tal y como la comprendemos hoy. Después de Bach vienen todos: como Beethoven, que también fue un auténtico visionario. Pero no sé si sin Bach, Beethoven podría haber compuesto lo que compuso. Me refiero a que Bach fue El Padrino, el hombre que dominó todo.

A veces la gente me dice que Bach no es romántico, que es muy académico y muy seco. ¡Una mierda! ¡Bach es lo más romántico del mundo! Tuvo 20 hijos y 11 de ellos murieron. Sus padres y su mujer también murieron. Era un hombre lleno de dolor cuya única salida, el único lugar en el que podía plasmar todo eso, era en su música. Por eso Bach… escuchar bien a Bach te rompe el corazón. Creo que para mí, Bach es el principio de todas las cosas.

Ahora mismo ha utilizado una comparativa con El Padrino y uno se imagina a Marlon Brando como si fuese Bach. Esas comparativas sirven para conectar con el público actual. ¿Por qué cree que la música clásica no se ha explicado más en en estos términos, utilizando un tono cercano?

No sé por qué, pero tienes razón y es un asco total. De verdad. Eso de que la música clásica es muy seria y exige mucha clase. It’s not true. ¡It’s a fucking lie! Y esos puristas, esos críticos que están ahí diciendo esto… Joder: qué triste. Tenemos un montón de niños y niñas que después de la escuela no tienen ni puta idea de quién es Bach o quién es Chopin, o que nunca han visto un concierto de una orquesta en directo.

La formación sobre música suele desaparecer después de la época escolar. De hecho, la LOMCE hizo que dejase de ser obligatoria y redujo mucho las horas lectivas.

Por eso tenemos otras herramientas. En YouTube, por ejemplo, en este país tenemos a Jaime Altozano. Y también, mira: yo he tocado en el Primavera Sound o en las Noches del Botánico, rodeado de música rock mientras tocaba música clásica. Eso es muy guay y es una forma de hacer que la música se perciba de otra forma.

Los músicos tenemos la responsabilidad enorme de compartir todo esto y hacerlo de manera comprensible, con amabilidad y bondad. No en plan: “Mira, no podéis entender esta música porque no tenéis el cerebro privilegiado que tengo yo”.

Es muy elitista pero no es cuestión de dinero: es más cara una entrada para el Real Madrid que para el Auditorio Nacional. No es cuestión de dinero sino de accesibilidad. Es porque… todo lo que rodea la música clásica es un mundo lleno de reglas, ¿sabes? Te dicen qué debes vestir, cuándo aplaudir, cómo comportarte… Como en una puta iglesia. ¡Es indignante! ¿Por qué hacemos eso? ¡Es horrible!

Ilustración/collage de Beethoven. Martin O'neill en 'Playlist'

Ilustración/collage de Beethoven. Martin O’neill en ‘Playlist’

En su libro también afirma que Beethoven fue como el Freddie Mercury de su época. ¿Cree que existe un diálogo entre músicos y estilos de todas las épocas?

¡Sí! Totalmente. En música… por ejemplo, ¡Rosalía es un ejemplo perfecto! Cuando piensas lo que ha hecho Rosalía con el flamenco, que lo ha acercado no solo a una nueva generación de jóvenes españoles, sino que lo ha llevado por todo el mundo… Eso es algo extraordinario. Y por supuesto lo mismo ocurre en otras áreas con arquitectos, cocineros, artistas…

Cuando habla de Chopin también cuenta que para usted este era un pianista punk. ¿Cree que existen hoy pianistas así?

No, creo que es algo que se ha perdido, esa actitud rompedora. Mira yo no soy el mejor para opinar porque tuve mi primer profesor cuando tenía 14 años y a los 18 dejé de tocar durante 10 años. Pero normalmente, en los pianistas de hoy, los concertistas auténticos… los apuntan con 3 años a clases y empiezan a tocar 8 horas al día.

Imagínate: sin amigos, sin deportes, sin vida social. Y por supuesto, 20 años después es normal que te hayas convertido en eso y que estés solamente enfocado en la música. Y no: no puedes ser punk, ni ser rompedor, si cumples con todo lo que te dicen que tienes que ser.

Es un problema que viene desde los conservatorios. Para mí, tendrían que enseñar no solo la técnica y el repertorio: tienen que mostrar también cómo conectar con la gente, cómo transmitirles cosas.

Por ejemplo: que un concertista antes de tocar a Bach hablase como dos minutos -solo dos minutos-, de por qué esa canción y ese artista es importante. Eso ayudaría, pero nadie lo hace. Es muy raro.

Usted sí lo hace en sus conciertos. Y también utiliza las redes para acercarse a la gente y hablar de las cosas que le gustan. ¿Cómo se siente al descubrir que las redes son un arma de doble filo? Me refiero a que un día le alaben y al siguiente le insulten sin piedad.

Es normal, hombre. ¡Así son las redes! Si un día digo que soy ‘sincebollista’ [Ndr: referente a la preferencia por la tortilla de patata sin cebolla], de repente se termina el mundo y no puedes ni abrir Twitter. Y si digo algo de Abascal, pues pasa lo mismo. Pero también puedo hablar de Glenn Gould, de Chopin o de un concierto de un pianista español.

Las redes sociales son un poco raras pero me encantan. Solo que con un poco de cuidado porque… porque no son la realidad. Una amiga mía siempre me dice que tener un millón de seguidores en Twitter es como tener un millón de euros en el Monopoly: no es dinero de verdad, ni te va a servir para nada que no sea jugar a ese juego.

C:fakepathJAMES-RHODES-5 (c) Felipe Romero.jpg

James Rhodes.

Vía El Diario

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